Van miles de cuervos en vuelo
a donde viajan los ecos del silencio,
inmutable,
y devoran la penuria,
picoteo, picoteo,
filtro de agujas que retuercen al niño,
una aguja,
el rugido que calla,
dos agujas,
las que descosen los labios,
y de sus picos lloran
-¡afanoso chirrido!-
incesantes gotas.
¿Quién osa ahora
mirar el rostro asimétrico
del don nadie que se pinta polos rotos
pendando de hilos,
seco y en su cúspide?
y si fueran estos hilos sus barreras,
aquellos insólitos sueños y que cuyo
cuerpo saboteó ejerciendo límites,
los culpables de su fin,
se pintaría en glorias y dichas
el polo blanco en un efímero retorno,
desgarrado sea en hilos otra vez,
tintos en negro, negro polo.
Salid, ciclón,
salid de entre sus venas mal ocultas,
y que de su garganta se desgarren los tejidos,
toma forma tu voluptuosa figura,
hecha de papiro,
pétrea,
revolcado andas entre sus restos
y das un final al regocijo,
saciad vuestra sed y sea el llanto
propio el que bebas y sonríe al prójimo,
tu servidor,
el niño en penas.
Amén.