miércoles, 26 de enero de 2011

Crónicas de lo absurdo: Consume.

Van miles de cuervos en vuelo
a donde viajan los ecos del silencio,
inmutable,
y devoran la penuria,
picoteo, picoteo,
filtro de agujas que retuercen al niño,
una aguja,
el rugido que calla,
dos agujas,
las que descosen los labios,
y de sus picos lloran
-¡afanoso chirrido!-
incesantes gotas.

¿Quién osa ahora
mirar el rostro asimétrico
del don nadie que se pinta polos rotos
pendando de hilos,
seco y en su cúspide?
y si fueran estos hilos sus barreras,
aquellos insólitos sueños y que cuyo
cuerpo saboteó ejerciendo límites,
los culpables de su fin,
se pintaría en glorias y dichas
el polo blanco en un efímero retorno,
desgarrado sea en hilos otra vez,
tintos en negro, negro polo.

Salid, ciclón,
salid de entre sus venas mal ocultas,
y que de su garganta se desgarren los tejidos,
toma forma tu voluptuosa figura,
hecha de papiro,
pétrea,
revolcado andas entre sus restos
y das un final al regocijo,
saciad vuestra sed y sea el llanto
propio el que bebas y sonríe al prójimo,
tu servidor,
el niño en penas.

Amén.

lunes, 3 de enero de 2011

Because of You

"Finalmente... me voy." Susurró la voz, sin darme la posibilidad de salir de mi aturdimiento, fue una noche oscura (pese a que afuera las estrellas plagaban el cielo). No pude reponerme del golpe, digo... ¿Tan repentinamente? Sí, una vez más... habían traicionado mi amor. No, muchacho... nunca olvido. Nunca.

¿Cuánto tiempo ha debido de pasar para que mis incesantes lágrimas puedan detenerse? Es desgarrador ver todos los recuerdos que hilaste en mí, recordar cada gesto tuyo, no dejar de oír tus contradictorias palabras en mi cabeza... justo ahora quiero abrirme la cabeza y dejar que todos los recuerdos huyan lejos, que me abandonen, pero sigo abrázandome inútilmente a ellos, a cada uno de ellos... los acaricio entre mis lastimados dedos, los aprieto contra este pecho que suena más como un reloj roto.

Rompiste el tiempo de aquí, rompiste mi tiempo... y me dejaste en una dolorosa nada. ¿Cómo pudiste? ¿Qué hice mal? ¿No supe cuidarte bien? ¿En qué te fallé? ¿Qué no te di que debí haberte dado?

No me digas adiós así como así, no destroces lo poco que reservé de corazón, ese poco que dejé para la esperanza de tu regreso, aunque ya mi mente dice que jamás lo harás... nunca volverás, ¿verdad?

Qué cruel... me hiciste quedar como una maldita loca, como la mala de esta película, cuando el malo... fuiste tú.

Pero no puedo olvidar, muchacho. No puedo olvidar. Incluso ahora, esta lluvia consigue estremecer hasta la última fibra de mi ser. Hace frío y hoy te extraño más que nunca. Y una vez más, una tibia lágrima cayó en estos resecos labios de tanto gritar tu nombre. Me habías llevado tan alto y, súbitamente, me dejaste caer profundo... Quiero odiarte, pero no puedo. Quise ser la única rosa de tu jardín, pero... nunca pudiste entender mi corazón, eso lo dejaste claro en tu adiós. Te ibas con otra, con otra rosa... Más hermosa, más fragante... Y me dejabas tirada, marchita, llorando desconsoladamente. ¿Por qué fuiste tan cruel? Sigo llorando sin poder comprenderlo.

Me habías enseñado tanto, sostuviste mi mano cuando mis pasos eran tambaleantes e inseguros, me hiciste reír tanto, me hiciste llorar tanto... Me hiciste creer en eso llamado amor y... sin más, de la nada, me dejaste sin nada, me despojaste, te lo llevaste todo. ¿Por qué?
 
¿Puedo pedirte un último favor?

Llévate las cenizas y dame una oportunidad de resurgir, aunque sea sin ti...