miércoles, 1 de diciembre de 2010

No debí...

No debí volar tan alto; mis alas se derritieron con el sol.
No debí caer en tan profundo sueño; fue mi despertar más amargo.

Ok, hasta ahí. No tengo absolutamente nada inteligente que decir, mi cerebro vale caca, así que copiaré algo de mi LJ ._. Ojalá que les parezca, gherls.


Este escrito, muy mío, define mi constante estado de hastío y melancolía. Disfruten, las quiero ♥

Fue como estar en un sitio en el que nunca estuvo, en un cuerpo que no le pertenece, con pensamientos ajenos. Pero las incontrolables lágrimas que mojaban sus supuestas mejillas, la opresión que su presunto corazón ejercía sobre el pecho que se suponía suyo, le hizo ver que no era lo que creía, todo eso, le pertenecía, las lágrimas, las mejillas, el corazón, la vieja y desordenada alcoba. Nunca nada fue tan suyo. Y fue lo que más dolió, admitirlo, admitir que ese dolor sórdido era suyo y nada más que suyo. Abrazándose a sus piernas, como una pequeña niña asustada, no quería que el peso de sus pecados, de sus pequeños grandes pecados, cayese sobre ella.

Tarde. Demasiado tarde. El Karma le trituraba los huesos, la hacía llorar a gritos, pero de sus labios hacia afuera no escapaba sonido más que unos silbantes sollozos que, obviamente, eran ahogados. Lágrimas y sangre que arrancaba de sus labios se mezclaban y caían como un riachuelo rosa claro sobre sus brazos vestido de color perla. Sentía como si toneladas de pecados se posaran sobre su delicada cabeza, no dejándole espacio a levantar siquiera la mirada.

Supo lo que era la desesperación. Aquél sitio que conocía como la palma de su mano se volvía una burbuja al vacío, sin aire, sin luz, sin sonidos ni gravedad. Flotaba en un agujero negro, el aire se volvía pesado para hacerlo pasar a los pulmones y se moría de hambre de cariño ajeno. No se escuchaba un solo ruido, no se vislumbraba un solo hilo de luz, no se palpaba ninguna superficie.

Los pasos apresurados hubieron llegado sólo cuando sonó el estruendo del arma que puso fin a sus tormentos. Entonces, sólo entonces, ese mundo estático, asonoro y sin luz alguna, volvió a su alocado movimiento, salvo que el latir de su inquieto corazón, de ser un eco lejano terminaba en un silencio perpetuo.

Su alma desdichada, al menos, cuando hubo disparado, halló consuelo y le permitió dar su último respiro con una sonrisa tranquila en los labios.



Y el mundo seguiría su curso natural...

No hay comentarios:

Publicar un comentario