- Lo odio todo. - ¿Por qué?
- Necesito paz. - Lo sé.
- Contaminación sónica, SHHHH. - Te apoyo.
- Muérete. - No quiero.
- Aire, quiero aire. - Lo lamento.
- Colapso. - Si pudiera.
- Qué asco. - Tantas cosas.
- Ira. Tristeza. Ya basta. - Lo lamento, de nuevo.
- Odio. - Sí.
- Odio. - No.
- Odio. - Sí.
- Odio. - No.
- Indiferencia. - No me interesa.
- Indiferencia. - Da igual.
- Curioso, ¿qué es? - No tengo la menor idea.
- Duele. - Qué lástima.
- Indiferencia. - Ya basta.
- Quítate. - Tú primero.
- Jajajajajajaj. - No.
- Odio. - Suficiente.
- Indiferencia. - Suficiente.
- Odio/Indiferencia. - Más que suficiente.
- Ruido. Ruido. RUIDO. - Detente.
- . . . - . . .
Que me irrita, que lo odio, que me ahoga, que me emputa, que me estresa, que me mata y que poco a poco crece. No puedo, es demasiado.
Desconecto todos mis sentidos y mis sentimientos bestiales, que no me importa nada. Indiferencia mía, ¿me extrañaste? Lo dudo, asquerosa. Jajajajaja. Y todos mueren en sus mil y un defectos, muéranse ya. Déjenme sola, maldita sea. Ya basta, no quiero nada, nada. NADA.
Y viene una y le dice a la otra, ¿qué mierda tienes, Valentine?
Y la otra le responde, ¡Valentine, muérete, maldita zorra!
Ayy, qué poca tolerencia.
Atte,
¿Te mueres?
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